Luna

16.11.2018

Cuando me busco en ti, 

me miro en tu sombra 

adormilada, y,

en silencio, 

admiro la forma de los sueños.


Acaricio el narciso

reflejado en el espejo de tu cuerpo.

Te acaricio y me acaricio.

Te busco

y me fusiono en el encuentro.


Me busco así,

sutil ante la belleza

que gira en torno a quien amo;

en la suavidad de tus mejillas,

seda en carne viva.


Me embriaga el sabor

de la boca 

que enarbola la corola de mis senos,

la mordida oscura de la fruta

en que, dulcemente, se transforma

mi sexo.


Mis ojos imaginan

y, con deleite, recorren la eterna figura

que adoro.

Tus brazos me toman

y poseen con fuerza mi cintura;

a la espera

de la avidez de unas piernas que

—cual lianas salvajes—

se enredan y se atrapan.


No existe el tiempo.

No hay límite

entre tu cuerpo y el mío.


Share
© 2020 - 2023                                                            El alma en la palabra
Todos los derechos reservados
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar